El streaming no erradica la piratería, la fomenta

Las plataformas de streaming están matando lentamente a todos aquellos que forman parte de la industria musical porque fomentan la escucha gratis, pero no la compra de música.

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El streaming no acaba con la piratería
El streaming fomenta la piratería

La relación entre la música y el oyente ha evolucionado y, sobre todo, ha cambiado. A día de hoy, la mayor parte de la sociedad no concibe un mundo en el que escuchar el último éxito de su cantante o grupo favorito no sea gratis. Algo que es posible gracias a las plataformas de streaming como, por ejemplo, Spotify. Partidarios y detractores de este tipo de servicios se dividen y pelean por hacer sus argumentos ganadores. Como recoge Entrepreneur, en este escenario parece que son los segundos los que podrían ganar la partida y decantar la balanza a su favor porque hay algo evidente: las plataformas de streaming están matando lentamente a todos aquellos que forman parte de la industria musical.

A la hora de buscar culpables hay que abrir la mente porque no existe uno solo. Quizás los consumidores son los últimos de la cadena, pero tienen su parte de culpa puesto que ha dejado de comprar música: para qué hacerlo si la tiene al alcance de su mano… y gratis. Por otro lado, nos topamos con las plataformas. Éstas tratan de vender que están acabando con la piratería, pero se trata de una verdad a medias porque se ha dejado de comprar música legal. Incluso, yendo un paso más allá, hay algunos que se atreven a afirmar que están fomentando esa oscura práctica.

El streaming no acaba con la pirtaería
La música muere con el streaming

¿Cuáles son las razones? Señalan que están ofreciendo la posibilidad de escuchar música gratis mientras sacan un beneficio de ello con las suscripciones y anuncios. Conviene recordar que al artista le llega menos de un 2% de beneficio y que las discográficas están completamente divididas: mientras las independientes abrazan las plataformas de streaming como la manera idónea de llegar al mayor número posible de personas, los grandes sellos pierden dinero y comprueban cómo sus artistas piden que retiren su trabajo de este tipo de plataformas.

De todo esto se deduce que no se ha conseguido crear un negocio rentable para todos los que forman parte de la industria musical: los daños colaterales no sólo afectan a los artistas, también a sus derechos de autor y a las compañías discográficas. La música ha pasado de ser un bien tangible a algo intangible y por ello, se plantea la necesidad de un cambio. Un golpe sobre la mesa que desencadene una revolución y que logre replantear un modelo para una industria que se desangra lentamente.

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