Nadie sabe para qué sirve el smartwatch

El alto precio que suelen tener estos dispositivos sumado a que no está muy claro para qué existen está haciendo que las ventas se desplomen a pocos años de su creación

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El boom del smartwatch ya pasó. Si bien es sabido que nos está costando adaptarnos a algunos wearables (véase el fracaso de las Google Glasses), parecía que un reloj que se conecta con nuestro teléfono será la bomba.

Pero no. El smartwatch no ha superado la prueba y está cayendo por completo en las estimaciones. Sobre todo porque, en realidad, nadie tiene muy claro para qué sirve. Y eso ha hecho que las ventas de wearables en general se ralenticen mucho: de un crecimiento del 60% en 2015 a uno de tan solo el 24’7%.

¿Qué hace que el smartwatch no triunfe?

Principalmente encontramos dos factores. Uno, el ya explicado: el usuario no tiene muy clara su funcionalidad. No hay más que mirar los ejemplos.

Pebble, el reloj inteligente que nació de Kickstarter (uno más…), ha sido vendido a Fitbit tras un año de malas ventas, problemas con los proveedores y una caída del interés en el producto.

El smartwatch de Google, Android Wear, no va mucho mejor. Aunque el responsable del proyecto David Singleton insista en que es el futuro, el compromiso de socios de desarrollo como Moto, LG, Huawei o Samsung está en entredicho.

Y por supuesto, el Apple Watch. El CEO de Apple, Tim Cook, insiste en que está en los mejores números de su historia. Pero nadie más que él ha visto estos números. Y según vimos en la segunda versión del reloj, las funcionalidades se han ido al lado del fitness más que a ser un apoyo del smartphone.

De hecho, antes de la llegada de este último aparato el rey de los wearables eran las pulseras de apoyo deportivo. Esos aparatos que te permitían controlar tus pulsaciones y demás datos útiles mientras hacías ejercicio. Y hacia eso están volviendo, como no podía ser de otra forma.

La otra gran pega es el elevado precio de los dispositivos. Precio que, en muchas ocasiones, el usuario se niega a pagar por simplemente no saber qué hacer con el ingenio. Y no olvidemos ese exceso que era el reloj de Apple hecho en oro que salió a la venta por 17.000 dólares.

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