Microinfluencer, el hermano pequeño del influencer

El boca a boca de las redes sociales tiene con ellos una gran baza: llegan a muchas personas pero sin tener un precio como los influencer. Han nacido los microinfluencer.

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Los microinfuencer son una excelente manera de llegar al público.

Hay un dicho que, como pasa con casi todos, es una grandísima verdad: No hay que matar moscas a cañonazos. Esta aparente evidencia debería ser una de las máximas del marketing siempre. Esto se puede aplicar a los influencer y sus nuevos hermanos los microinfluencer.

Sin embargo, pensar a lo grande es algo natural, y suele llevarnos a cometer errores como  intentar  hacer grandes acciones de comunicación, plantear anuncios en prensa y grandes campañas en general… cuando a veces no es necesario.

Influencers, los nuevos famosos

Y es que, si hay alguien que se ha visto favorecido por esta nueva situación comunicativa esos han sido los influencers. Estos blogueros y vlogueros que han visto crecer su popularidad enormemente gracias a las redes sociales y se ha ampliado su rango de influencia gracias a los fans.

La ecuación es fácil: la imagen del influencer es la de alguien espontáneo, que no es un actor o personaje público que viva de anunciar productos, por lo que si comparte un tweet que habla de una marca, el cliente potencial lo percibe como una recomendación sincera.

Son muchos casos, de hecho, en los que los influencer no aceptan campañas concretas porque no se sientes a gusto con el producto, lo que les continúa proporcionando una imagen independiente, la gran causa de su éxito.

Sin embargo, el estatus de creador de opinión pública o abanderado de situaciones sociales que defiende ha hecho que se convierta en un “recomendador” de marca o producto muy caro. Pero claro, los influencers también tienen hermanos pequeños: los microinfluencer.

Microinfluencer: manual de uso y disfrute

Se trata de portavoces, también creadores de opinión pero a una escala mucho menor. Sigue funcionando con ellos el concepto de recomendación boca a boca pero no resultan tan “caros” como los influencers. Digamos que si una bloguera de moda influencer como Dulceida tiene un millón de seguidores en Instagram, un microinfluencer puede tener mil o dos mil fácilmente. Incluso menos, especialmente cuando se trata de un público muy concreto.

Estos portavoces de opinión a una escala  menor pueden no tener una personalidad pública, incluso ser anónimos. Este estatus les aporta ese toque de credibilidad tan importante para que resulte de utilidad.

Los microinfluencers muy especializados en un tema concreto son perfectos ya que el público al que se dirigen verdaderamente le trata como a un gurú, así que si nuestra marca le envía una selección de productos, por ejemplo, sus palabras resultarán sinceras para sus seguidores. Si no, pueden tener un problema con la normativa de Youtube sobre publicidad encubierta.

Puede que tan sólo lo lean mil personas, pero el ahorro de gasto que supone no contratar a un famoso o un influencer y lo especializado de público del microinfluencer hará que su tiempo valga oro.

Si nuestra empresa es una Pyme… ¿Por qué gastar un presupuesto mucho mayor del necesario en un creador de opinión a tan gran escala cuando podemos conseguir muy buenos resultados con una campaña más pequeña? ¿Para qué un influencer cuando un microinfluencer puede resultar de más utilidad?

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