Los adblockers, bendición para el marketing

Los expertos en marketing tienen que reexaminar el modelo de publicidad e incluso el de los soportes publicitarios. Rehacer un viejo paradigma que parecía que sería inalterable

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Aunque parezca lo contrario, los adblockers pueden ser un impulso para el marketing actual por el aumento de implicación entre las partes

Parece contradictorio, pero es una realidad. Los adblockers han sido de lo mejor que ha podido pasarle al marketing en los últimos tiempos.

Los expertos en marketing siempre han trabajado asumiendo que su mensaje importa. Sin embargo, los consumidores son muy ambivalentes en cuanto a esto, aunque en su mayoría se muestran poco receptivos a los anuncios.

A la gente no le gustan. No le han gustado nunca y no es un secreto. Por eso los bloqueadores crecieron tanto y se convirtieron en una amenaza. Y este ascenso asustó a los creadores porque antes era imposible bloquear anuncios: el consumidor tenía que verlos sí o sí, cosa que no ocurre ahora.

Por primera vez, las agencias y creadores tienen que controlar la calidad de lo que hacen seriamente. Antes, solo se revisaban los resultados. Era lo único importante. Mientras tanto, anuncios en radio y televisión eran consumidos sin oposición. Banners y pop-ups campaban a sus anchas por la red.

Hasta que llegaron los adblockers

Ahí llegó el inicio de la debacle. Ahora hay que controlar que el consumidor no nos bloquee el anuncio. Esto ha hecho que los expertos en marketing tengan en cuenta lo que los consumidores quieren decirle cuando cambian de canal, no ven un programa en televisión para comprar un DVD sin publicidad, los navegadores bloquean los pop-ups por su cuenta…

Incluso las grandes empresas tecnológicas parecen ponerse en su contra. Google anunció que penalizaría en posicionamiento a las páginas que inhibieran el tiempo de carga de las webs. Apple presentó un Safari con un bloqueador integrado. Y ha vuelto Brave, el navegado anti-anuncios por excelencia.

Por lo tanto, ¿cómo han podido beneficiarle los adblockers? Muy sencillo: antes, la gente odiaba los anuncios. Ahora, la gente odia los anuncios pero los creadores se preocupan por ello.

Ahora los expertos en marketing tienen que reexaminar el modelo de publicidad e incluso el de los soportes publicitarios. Rehacer un viejo paradigma que parecía que sería inalterable.

Y no es cosa baladí: el mundo ha gastado este año nada menos que 72.000 millones de dólares en publicidad digital y 71.000 en anuncios de televisión, según un estudio de eMarketer. Ahora hay que demostrar el retorno de la inversión. Y hacerlo en un mundo en el que cientos de millones de personas bloquean sus anuncios.

Ahora hay que responder a duras preguntas sobre atribución, reparto y calidad de la experiencia publicitaria. ¿Lo hacían antes, con lo obvias que parecen? Posiblemente, pero no con la suficiente rigurosidad.

Los adblockers no han sido un sistema que haya ayudado directamente a los publicistas, más bien les ha dañado. Pero su aparición y proliferación han traído este nuevo período de introspección del que, esperamos, surja un nuevo modelo que contente por fin a todas las partes.

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