La mensajería instantánea nos humaniza y deshumaniza

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mensajería instantánea

Como alguien cuyos familiares y amigos están repartidos por el mundo, estoy agradecida por las posibilidades que nos ofrecen los medios sociales para el posible contacto directo y rápido. En estas fechas, por ejemplo, la falta de un allegado a la mesa en la comida de navidad, o el próximo día de reyes, entristece a todo el mundo.

Pero hay un punto en que todos los canales de comunicación de Internet dejan de ser útiles y se convierten en una herramienta para torturar.

Me explicaré mejor; cuando recibes un mensaje, ya sea en FaceBook, un correo electrónico, un directo de Twitter, etc, las notificaciones pueden llegar a crear ansiedad. Es maravilloso ver y escuchar un mensaje de la familia y amigos, pero dependiendo del remitente, puede parecer una bomba adjuntada al mensaje. Si no contesto dentro de una asignación desconocida de tiempo, la bomba se apagará y habré sido cómplice de la última atrocidad social.

En mi mente está la obligación de responder a cada uno de los mensajes recibidos en todas las plataformas, hasta que lo abres. ¿Por qué? Pues muy sencillo, hasta que ese mensaje es leído, estás dentro del “Oh, bueno, ella no lo ha leído todavía” que de alguna manera te absuelve de esa respuesta no decidida. Pero esto no dura eternamente.

Y aquí viene mi reflexión en este principio de año; ¿por qué debo responder a cada mensaje recibido, si no quiero hacerlo? Porque hoy en día, todos vemos si recibimos cualquier tipo de notificación, pero si decido ignorarla estoy siendo una mala persona, y esto nos hace sentir culpable. Y pensándolo fríamente, nos hace sentir mal algo que no querermos hacer. No tiene ningún sentido.

¿Por qué debería dictar mi vida?

En este punto, me niego a leer un mensaje por miedo a no tener el tiempo para elaborar una respuesta adecuada a su contenido dentro de cualquier período de tiempo arbitrario socialmente aceptable. Esto tiene que parar, y la respuesta no consiste en alimentar la gratificación instantánea que muchos han llegado a anhelar e incluso esperar en la adicción en masa evolutiva generada por las redes sociales.

Parte de este sentimiento de ansiedad proviene del hecho de que no existe una etiqueta de comunicación clara para las plataformas de mensajería instantánea. Además, en el espacio digital perdemos las sutilezas del lenguaje corporal y la inflexión presentes en las conversaciones cara a cara; un emoji no va tan lejos, y los estudios muestran que la gente tiende a interpretar las expresiones de maneras drásticamente diferentes.

Un pequeño aparte: el lugar de trabajo presenta un enigma diferente en conjunto cuando nos aventuramos en el protocolo de profesionalismo. Abordar los puntos más finos del decoro del correo electrónico y las herramientas de comunicación subsidiarias en la oficina justificaría otra pieza en conjunto.

Cuando conoces a una persona durante un período de tiempo y te familiarizas con su estilo único de comunicación, la ansiedad disminuye. Mis amigos más cercanos son muy conscientes de que la falta de una reacción inmediata o una simple respuesta “pulgar hacia arriba” no es un reflejo de cómo los valoro como individuos. Las cosas empiezan a ponerse peludas cuando entramos en el mundo de los conocidos, los intereses amorosos y los miembros marginales de nuestros círculos sociales.

La mensajería instantánea nos hace y deshace favores

Cualquier individuo que no desea ser esclavizado a una pantalla es afectado. Tener la capacidad de comunicarse al instante sin duda tiene grandes beneficios, pero no hay ninguna línea dibujada en cuanto a dónde termina. Tal vez he estado viendo demasiado Black Mirror, pero caminar por una ciudad y observar cada cabeza inclinada hacia una pantalla tiene implicaciones inquietantes para nuestro futuro. Por supuesto, la mensajería instantánea es sólo una parte de ella, pero me temo que corremos el riesgo de alimentar la adicción a la tecnología a esta urgencia en la respuesta instantánea.

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