Blackbinder y su partitura sin páginas

“¿Si la música es algo lineal, por qué llevamos siglos leyéndola e interpretándola “por páginas”?” Carlos Piñuela se planteó esta pregunta y quiso buscar una solución a esta incoherencia

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Entrevista Blackbinder

La música lleva siglos acompañándonos y su forma ha ido cambiando a medida que han ido pasando los años, sin embargo, no todo ha evolucionado en este sector. El formato que se utiliza tanto para escribir como para interpretar música se ha mantenido y hoy en día se utilizan métodos que ya existían en el año XVIII o XIX.  ¿Si la música es algo lineal, por qué llevamos siglos leyéndola e interpretándola “por páginas”? Eso mismo se preguntó Carlos Piñuela, uno de los fundadores de Blackbinder, y decidió buscar una solución a esta incongruencia.

Carlos Piñuela es músico profesional y compagina su labor docente con su actividad como integrante de diversos grupos musicales y con colaboraciones en distintos proyectos relacionados fundamentalmente con la música, el cine y el teatro.

Hace años, Carlos tuvo la idea de crear un sistema integral de trabajo con partituras digitales en tablets para facilitar el trabajo individual y colectivo de los músicos.

Después de pensarlo mucho, finalmente tuvo una idea clara de lo que quería. El paso siguiente fue liar la manta a la cabeza de un amigo suyo y su socio. A ellos les convenció lo que Carlos les estaba planteando y al final acabaron por subirse al carro de Blackbinder.

¿Quieres saber cómo funciona y hasta qué punto han llegado, un músico, un ingeniero informático y un licenciado en Administración y Dirección de Empresas? Carlos Piñuela nos ha dado todas las respuestas sobre su proyecto.

¿Cómo surgió la idea de Blackbinder?

He sido profesor de guitarra y también de Tecnología Aplicada a la Música en el Conservatorio superior de Navarra. Mis alumnos y yo hacíamos edición de partituras, secuenciación… pero por mucho que combinaba música y tecnología me daba cuenta que esta última había pasado a protagonizar casi todos los aspectos de nuestra vida menos en el estudio e interpretación de la música. La realidad es que a día de hoy, seguimos trabajando, estudiando e interpretando la música como se hacía hace años, es decir, con la partitura de papel, el lápiz para hacer anotaciones, la goma…

Quería encontrar una solución a este problema, y la idea llevaba rondándome por la cabeza desde hace 15 años, pero en aquel momento no había manera de materializarla. Tuvieron que pasar unos años hasta que aparecieron las tablets y se generalizó su uso para poder llevarla a cabo.

En el momento que desarrollé un poco más mi idea, se la presenté a un amigo mío que es ingeniero informático, Sergio Peñalver,  para ver si quería formar parte de este proyecto. Al principio me dijo que la herramienta que le estaba presentando ya existía, pero después de investigar unos días, me dijo lo contrario, que no había nada parecido a lo que le estaba presentando en el mercado. Fue entonces cuando él hablo con su socio, Koldo Ábrego y ambos se unieron a la aventura de Blackbinder.

equipo blackbinder

¿Qué es Blackbinder y para qué sirve?

Blackbinder es un sistema completo basado en una app para tablets con la cual el músico puede realizar todo el proceso de trabajo que habitualmente desarrolla con partituras, desde su adquisición hasta su interpretación final pasando por su archivo, clasificación, estudio y ensayo.

La gran diferencia es que no hay páginas: pasamos del formato páginas (en papel o digital) al sistema sin páginas Blackbinder. Esa es la innovación que proponemos como solución.

Como músico, entiendo la música como algo lineal, por eso nunca me ha gustado que las partituras estuviesen estructuradas por páginas. Queríamos encontrar la forma de llevar la música al atril de la manera más lineal posible. Quería recuperar la esencia y el alma de la música también en su soporte físico. Por este motivo, se me ocurrió la idea de crear un sistema en el que la partitura no tuviese páginas, que esta fuese pasando automáticamente a medida que el músico la iba interpretando sin hacer un mínimo gesto que interrumpiese su interpretación.

Cualquier partitura que esté editada con Sibelius, Finale o cualquier editor de música puede convertirse en una partitura sin páginas gracias a Blackbinder. En el momento en el que el músico le da al start, la partitura se va desplazando de abajo a arriba al tiempo que la interpreta el músico.

Blackbinder permite sincronizar una orquesta entera para que todas las tablets vayan a la vez, respetando los compases de espera de cada instrumento. Además, esta aplicación también permite hacer anotaciones o arcos en la partitura o que estos datos se sincronicen en las demás tablets.

¿Qué ofrece Blackbinder que no ofrece la competencia?

Blackbinder es la única aplicación que permite leer a los músicos una partitura sin páginas. Solo hay 3 competidores en el mundo que están trabajando con el archivo controlado, es decir, el movimiento automatizado en función del ritmo, pero siguen reproduciendo en formato páginas, al contrario que nosotros.

Además, después de dos años, ya tenemos la patente de este sistema de desplazamiento.

¿La aplicación está ya disponible?

Lo que estamos haciendo en estos momentos es validar la solución con proyectos piloto en 5 de los más prestigiosos conservatorios de Europa y EEUU para que esté disponible comercialmente para su uso en septiembre de 2017.

Es cierto que hace año y medio lanzamos una aplicación beta para iOS y Android, pero esta no es la versión final. La sacamos para ver si la gente aceptaba que la partitura se moviera y vimos que sí, que el concepto gustaba bastante. A partir de ahí empezamos a trabajar para mejorarla.

Esta versión final de Blackbinder detectará el tempo que lleva el músico, sus accelerandos y ritardandos, para que la partitura se vaya desplazando al mismo ritmo que el músico la está interpretando.

¿Alguien ha podido probar Blackbinder?

Hace 3 años, los alumnos y profesores del Conservatorio Superior de Navarra sufrieron y disfrutaron de los primeros pasos de Blackbinder.

También hemos presentado el sistema en la Musikmesse de Frankfurt en 2014 y hemos ido a los conservatorios más importantes y grandes de Estados Unidos e Inglaterra para presentar nuestro producto.

En estos momentos estamos llevando a cabo un proyecto colaborativo con el conservatorio Jacobs de Indiana y ya hay alumnos y profesores practicando con este sistema.

¿Qué piensa la gente al probarla?

Todo el mundo se piensa que se va a marear o que la partitura se va a ver muy pequeña en la tablet, que se va a mover muy rápido….Pero en cuanto lo ven  y lo prueban se dan cuenta de que estaban equivocados. A los cinco minutos todo el mundo está encantado y queriendo tocar mucho más.

¿Cómo os financiasteis al principio y cómo os estáis financiando ahora?

En un primer momento nos financiamos con fondos propios, luego hemos cerrado 2 rondas de financiación con inversores privados y hemos obtenido el apoyo de SODENA, ENISA y NEOTEC, como aspectos más relevantes.

 

¿Cómo se plantea el futuro de Blackbinder?

Queremos que Blackbinder llegue a cualquier persona que trabaje con partituras, tanto individuos como agrupaciones. Nuestro objetivo es ser el estándar a nivel docente y profesional del trabajo con partituras digitales.

¿Qué es lo peor y lo mejor que te ha aportado este proyecto?

¿Lo peor? Que es un trabajo enorme, nadie pensaba que iba a ser tanto. Estás trabajando 25 horas al día y esto hace que se resienta la familia, la vida social…

También los temas económicos. Para mí esta es la parte más complicada. Estar siempre pendiente de ello y no poder trabajar de verdad holgadamente y hacer volar tus ideas y tu proyecto de manera desahogada me desagrada.

Es complicado, pero es algo que hay que hacer y por lo que hay que pasar.

Y lo mejor…conocer más profundamente el que era mi entorno musical, mi microcosmos. Ahora tengo una perspectiva ampliada de lo que ya conocía.

Además la relación con mis compañeros es estupenda, no solo con socios, sino también con el equipo de programadores, asesores e ingenieros que forman parte de la empresa. Es una maravilla cómo estamos todos con la misma energía y con la misma ilusión de sacar esto adelante.

También me encanta ver la ilusión y la pasión con la que la gente lo prueba y le encanta. Que seis años después, Blackbinder siga emocionando a la gente y este proyecto siga tan fresco como el primer día, es un aliciente. 

Carlos no es el único que ha optado por la “tecnificación” de la música. Algunos han apostado por la combinación de música e inteligencia artificial, otros han inventado un aparato que convierte las ondas que emite el cerebro en una melodía e incluso algunos se han inspirado en cuadros para hacer una gran composición. 

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